Una copa de Zwack Unicum en el Hotel Gellért de Budapest


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Cuando me vi enfrente del Danubius Hotel Gellért, intuí que no sólo me encontraba ante uno más de los cientos de hoteles que recomiendan las guías de Budapest, sino que estaba contemplando un verdadero emblema de la historia de la ciudad. La imponencia del edificio, su localización a orillas del Danubio y a las faldas de la colina de Gellért y las huellas del pasado visibles a simple vista en su fachada, no dejaban lugar a duda que así era.

El Danubius Hotel Gellért ha sido y es una referencia hotelera en Europa. Originariamente fue concebido como hotel- spa y si bien, a día de hoy el hotel y los baños pertenecen a empresas diferentes, es difícil entender el uno sin el otro. Dichos baños son considerados unos de los mejores del mundo. Se encuentran enclavados sobre unas fuentes termales que ya fueron gozadas durante el imperio otomano en los siglos XVI y XVII y de las cuales emana un agua a una temperatura constante entre 35ºC y 40ºC. Es un lugar idóneo para aquellos turistas y ciudadanos de Budapest que optan por pasar un día dejándose acariciar por sus aguas termales.

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Interior de los baños termales del Hotel Gellért

Una vez que ingresé en el vestíbulo del hotel, quedé fascinado tanto por su enorme cúpula soportada por columnas de mármol como por la magnífica vidriera que representa la leyenda de las tribus húngaras llegando al actual territorio en el que se asienta Hungría, guiadas desde más allá de los montes Urales por un ciervo mágico. La vidriera es un verdadero espectáculo de color digno de ser contemplado con detenimiento.

Al cabo de unos minutos apareció Mihály Vásony. Vestía de forma impecable y derrochaba elegancia y pausa en todos sus movimientos. Sin duda alguna tenía ante mí a todo un maestro del “viejo estilo” de dirección hotelera. Sus más de cincuenta y tres años al servicio del hotel, la mayoría de ellos como director del mismo, conferían a mi visita un plus de autenticidad, ya que algunas de las historias sobre el Danubius Hotel Gellért iban a ser narradas en primera persona por un testigo directo de ellas. Tomamos asiento en la cafetería aneja al lobby de la entrada y me dispuse a escuchar, libreta en mano, un sinfín de anécdotas ocurridas en el hotel.

Me relató cómo el Jefe del Estado húngaro durante veinticuatro años, Miklós Horthy (1920- 1944), dirigía el gobierno del país desde el Danubius Hotel Gellért y cómo tras su negativa a la deportación de los ciudadanos judíos a los Nazis (pese a haber sido aliados en la contienda), Hungría fue invadida por las tropas de Hitler, convirtiendo el hotel en el cuartel general de los Nazis y en consecuencia la morada del despiadado general de las S.S. Ernst Kaltenbrunner. Hablamos de cómo el hotel fue bombardeado y parcialmente destruido durante la II Guerra Mundial, de cómo consiguieron sobrevivir durante el largo periodo comunista de la U.R.S.S., de cómo varios Marajás de la India escogían el Danubius Hotel Gellért para celebrar bodas de interminables días, de cómo la casa real de los Habsburgo celebraba fiestas en sus salones, de cómo el Shah de Persia saludaba a sus invitados, copa de champagne en mano, desde la balaustrada de la cúpula central de la recepción, o de cómo Arthur Miller, Richard Nixon, Yehudi Menuhin y muchos más personajes de renombre disfrutaron de su estancia en el hotel.

Tras pasar un largo rato charlando amigablemente, Mihály me ofreció beber una copa de Zwack Unicum. Yo no había oído hablar nunca de aquella bebida. Mihály se percató en seguida de ello así que fue directo al bar y trajo una botella para mostrármela. Acto seguido, me contó la historia de aquella bebida desconocida para mí y la preciosa relación que tuvo con el Danubius Hotel Gellért.

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Zwack es una compañía licorera húngara fundada en el año 1840 por József Zwack. Producen diferentes tipos de licores y vinos pero su producto más significativo siempre fue el denominado Unicum (Único), que es un licor elaborado con una fórmula secreta de más de cuarenta hierbas diferentes.

En 1790 el Doctor Zwack, antepasado de József, siendo el físico real del Imperio Austrohúngaro dio a probar en una ocasión el licor al emperador József II de Habsburgo como remedio para la indigestión y tras paladearlo, pronunció la famosa sentencia “Dr. Zwack, das ist ein unikum” (“Dr. Zwack, esto es realmente único”). De aquella anécdota viene el nombre Zwack Unicum. A partir de entonces, se hizo tan famoso que no podía faltar en ninguna casa húngara una botella de Unicum para ser bebida, bien como aperitivo o bien como digestivo e incluso como remedio para curar los catarros.

En 1883 el hijo de József, Lajos Zwack, tomó las riendas de la compañía y en 1926 a su vez, sus dos hijos Béla y János Zwack. Tras la gran crisis de 1929 los productos de lujo dejaron de consumirse y además los Estados Unidos de América redujeron en gran medida sus importaciones de licor, lo cual afectó considerablemente la economía de la compañía. Tanto fue así, que durante un tiempo tuvieron que usar las instalaciones de la fábrica para producir bombillas y neones al mismo tiempo que sus licores para poder obtener algún rendimiento.

Tras la II Guerra Mundial y, con la implantación del régimen comunista de la Unión Soviética en Hungría, la fábrica, casa y propiedades de la familia Zwack fueron nacionalizadas sin ningún tipo de compensación por el nuevo gobierno. János tuvo que montar clandestinamente a su hijo Péter en un tren para salvarle, sin saber si lo iba a ver de nuevo, con rumbo a Yugoslavia y de allí, viajando a pie durante la noche, consiguió alcanzar Italia. Mientras tanto, János tuvo que escapar sobornando a unos soldados rusos para que le dejasen abandonar el país escondido en uno de sus barriles y según cuenta la leyenda, llevando consigo en uno de sus bolsillos la receta secreta de Unicum. Padre e hijo consiguieron reunirse de nuevo en 1949 en Nueva York y tras la muerte de su padre, Péter Zwack vivió en el exilio en los Estados Unidos de América e Italia hasta la caída del Telón de Acero.

Durante el régimen comunista húngaro, la destilería perteneciente al gobierno siguió produciendo Unicum pero con una calidad tan desastrosa que prácticamente lo hizo caer en el olvido. Intentaron concienzudamente copiar la receta original, pero no llegaron a descifrar más de veinticuatro  hierbas de las más de cuarenta que tenía el original Zwack Unicum. Mientras tanto, en el exilio, la familia Zwack comenzó a producir el genuino Unicum en Italia.

En 1988 Péter Zwack regresó a Hungría con su familia y en 1992 tras colapsar la antigua Unión Soviética, comenzaron los procesos de privatización en los que pudo comprar de nuevo la compañía que fundó su familia, si bien no pudo hacer lo mismo con el resto de sus antiguas propiedades. Desde entonces, Zwack Unicum Plc. volvió a producir Unicum con todas las características de la fórmula secreta y ha vuelto a ser exportado a todos los rincones del mundo.

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Péter Zwack

Tras finalizar la narración de esta historia, Mihály me pidió que le acompañase. Subimos varias plantas del hotel, recorrimos sus pasillos llenos de historia y entramos en una de las suites. Entonces me señaló una casa amarilla que se veía en primer plano a través de la ventana y me dijo: − ¿Sabes qué casa es esa? Ese es el lugar donde nació y creció Péter Zwack y, ¿sabes lo más bonito de todo? Que al no tener la oportunidad de recuperarla, era frecuente que viniese a esta habitación, tomase asiento frente a la ventana, pidiera una copa de Zwack Unicum y pasase largos ratos contemplándola mientras soñaba despierto con el lugar en el que fue feliz durante tantos años de su infancia−.

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Casa de la familia Zwack vista desde el Hotel Gellért

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