Federico García Lorca en el Hotel Castelar de Buenos Aires


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Había quedado a las cinco de la tarde con María Cafora, la responsable cultural del Hotel Castelar, para realizar una visita guiada por el lugar que durante varios meses fue el cobijo de Federico García Lorca en Buenos Aires.

Situado en el número 1152 de la Avenida de Mayo de Buenos Aires, el Hotel Castelar es sin duda, uno de los hoteles con mayor tradición en Argentina y uno de los mejores ejemplos de estilo Art Decó que se conservan en la capital. El origen de su nombre no es más que el homenaje que sus fundadores, emigrantes españoles, quisieron rendir al que fue presidente de la primera república española, Emilio Castelar y Ripoll (1873- 1874). Y así lo hicieron constar cuando el día de la inauguración, un sábado, 9 de noviembre de 1929, colgaron en el primer piso del hotel un retrato de su admirado político.

A comienzos del siglo XX, la Avenida de Mayo emanaba vida en cada esquina. Las clases altas y la burguesía bonaerense, la cultura y las buenas maneras se daban cita día y noche en sus aceras, locales y peñas, como en los conocidos 33 Billares, La Confitería Iberia o la peña Signo en la cafetería del Hotel Castelar (nombrado en 2004 Bar Notable por los innumerables hechos históricos y culturales acaecidos en su interior).

No hacía muchos años que las clases acomodadas de la ciudad habían abandonado las calles del barrio de San Telmo, ya que una epidemia de peste había mermado considerablemente su población y pasó a ser considerada una zona insalubre destinada para la vida de las clases menos favorecidas. Así pues, los antiguos moradores de San Telmo decidieron buscar nuevas tierras y asentarse en lo que hoy es el barrio de Recoleta, extendiendo así la capital.

Había que construir una nueva ciudad prácticamente desde cero y para ello, no hubo reparo en contratar a algunos de los mejores arquitectos del mundo para que recreasen edificios, palacios y residencias a imagen y semejanza de los existentes en Europa, predominando el estilo de neto corte francés, aunque no siendo el único y llenando así sus calles de una mezcolanza singular de estilos arquitectónicos que, si bien no seguía una estructura armónica en sus fachadas, lo cierto es que resultaba muy agradable a la vista del ciudadano.

Era tanta la importancia que tenía la nueva extensión de la ciudad, que no sólo se contrataba a los mejores arquitectos del momento, sino que además los materiales usados debían ser los más exclusivos del mundo y traerse a cualquier precio. Sirva para ejemplificar dicha suntuosidad, el salón comedor de la planta baja del Hotel Castelar, donde se usó para el revestimiento de sus paredes mármol de Carrara, el cual no sólo tuvo que ser enviado una vez desde Italia, sino dos, ya que el barco que transportaba la piedra en el primer intento se hundió y hubo que comprarla de nuevo sin importar los expendios.

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Lobby de entrada del Hotel Castelar

Federico García Lorca llega a Buenos Aires en octubre de 1933 para representar su obra teatral “Bodas de sangre” y posteriormente dirigir los ensayos de “La zapatera prodigiosa” y “Mariana Pineda”. En seguida se enamoró de aquella ciudad bulliciosa que olía a cultura por sus cuatro costados. Tanto es así, que decidió quedarse hasta abril de 1934. Seis meses en los que durante toda su estancia se alojó en la habitación 704 del Hotel Castelar.

Federico García Lorca disfrutaba con fervor del carácter cosmopolita de Buenos Aires, que en aquel entonces era el epicentro de un terremoto cultural en el que chocaban las influencias de la emigración europea (fundamentalmente española e italiana) y americana. A principios de la década de los treinta, se produjo un fenómeno singular: las peñas. Éstas eran reuniones o encuentros en los bares donde se propiciaba la charla, los amigos y el café. Allí se iba a trabar amistad y a conocer personas de talento. No era necesario poseer una entrada, sí las ganas de relacionarse. Por eso, las grandes personalidades de la cultura, seducidas por estos lugares casi mágicos, se daban cita para debatir en los distintos bares de la Avenida de Mayo. Federico García Lorca era un miembro asiduo a las reuniones que se organizaban en la peña Signo, situada en el Hotel Castelar, pero también se dejaba ver por muchas otras peñas y cafés donde escritores, legisladores, pintores, filósofos, bohemios y curiosos charlaban acerca de arte, política y otras materias. Unas veces los debates discurrían en un ambiente ameno pero otras tantas acababan en acaloradas discusiones y peleas.

En la peña Signo del Hotel Castelar se produjeron hechos artísticos y literarios de gran valor según las memorias que los testigos se encargaron de transmitir hasta nuestros días. Federico García Lorca asistía, como he dicho anteriormente, a  estas reuniones y en ellas pasó innumerables horas con algunos de los personajes más relevantes de la historia, como los Premios Nobel, Jorge Luis Borges o Pablo Neruda e incluso, en ocasiones, con el mito del tango argentino Carlos Gardel.

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En la parte superior, Lorca y Neruda posan abrazados para una fotografía en la peña Signo

Pero Federico García Lorca no sólo disfrutó de la peña Signo dentro del Hotel Castelar y es que el jueves, 5 de octubre de 1933, en el subsuelo del hotel, al lado de la peña Signo, nació Radio Stentor, donde músicos, actores, poetas, periodistas y arquitectos charlaban con enorme profesionalidad sobre sus especialidades, llegando por ello a ser considerada como una de las emisoras de radio con mejor programación del país. Federico García Lorca fue invitado formalmente para dar cuatro conferencias sobre su obra literaria. Pero lo que poca gente sabe es que disfrutó aún más, escondiendo su timidez tras los micrófonos mientras recitaba sus poemas a las cinco de la tarde, presentándose a los radioyentes con el seudónimo de “la voz gitana”. Federico García Lorca se protegía así tras el anonimato de miradas curiosas y de la crítica convencional. Además, le daba la oportunidad de ser él mismo, sin ningún tipo de presión a la hora de leer sus poemas.

Hoy en día, la habitación 704 es un pequeño museo que refleja fielmente la estancia que disfrutó Federico García Lorca en aquel tiempo. En ella se pueden ver objetos originales del autor y también réplicas de sus enseres personales, además de diversos recuerdos de aquella época como periódicos, carteles de sus obras de teatro e incluso alguna prenda que en ellas llevaron puestas los actores.

He de reconocer que hay un detalle que me resultó curioso: Si eres nacido en Granada y escritor acreditado, puedes solicitar a la dirección del Hotel Castelar, que tu estancia transcurra en la misma habitación en la que Federico García Lorca estuvo durante su periodo en Buenos Aires. De no poseer estas dos cualidades, deberás conformarte con cualquiera de las otras ciento cincuenta y nueve habitaciones del hotel.

Quisiera acabar citando una frase de Federico García Lorca que se encuentra enmarcada en una de las paredes del pasillo que conduce a la habitación 704 y que resulta premonitoria del devenir que el futuro deparó al poeta: “Si no te preocupaste por nacer, no debes preocuparte por morir”.

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Federico García Lorca


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Un comentario en “Federico García Lorca en el Hotel Castelar de Buenos Aires

  • Cristina

    Aquí va el comentario de alguien que, aunque por motivos de corazón, quizás no sea del todo objetiva, piensa que, el hecho de que hayas recopilado estas historias, las hayas hecho un poco tuyas y gracias a ti un poco nuestras es simplemente precioso. Por tu esfuerzo mereces lo mejor. Bueno en realidad te mereces lo mejor sin más. Y yo sólo deseo verlo. Para mi eres enorme.